Málaga, ciudad genial

Artículo La Opinión de Málaga 10/02/2016

En Málaga se vive bien, los malagueños lo ratifican. Según el estudio de la Comisión Europea publicado unos días atrás, Málaga es la novena ciudad europea con mayor calidad de vida; la única española entre las diez primeras del estudio comparativo realizado entre 79 ciudades europeas. Al menos esa es la percepción de los malagueños, que se han mostrado satisfechos con residir en la localidad.

No podemos decir lo contrario. Málaga ha sabido situarse y hoy es una ciudad europea, pero sobre todo es un destino europeo. Por ello es así que tampoco podemos negar que buena parte de los logros que acumula la ciudad los merece el turismo. Y no es de extrañar. Pasear por una animada calle Larios, hacer una parada en alguno de la colección de museos con que contamos y terminar inmortalizando en nuestro móvil la impagable estampa que nos deja el paseo marítimo al final del día parece un buen plan para una tarde cualquiera de febrero. Sobre todo cuando las buenas temperaturas nos acompañan.

Y eso lo sabemos apreciar aquí y también en cualquier rincón de Europa. Pero, y los malagueños, ¿somos europeos?

La ciudad no se ha quedado al margen de la situación económica. Es complicado saber hasta qué punto resistimos en Andalucía. La crisis ha hecho más visibles problemas intrínsecos de esta tierra; entre ellos, el paro. Gracias al turismo, Málaga sobrevive en temporada alta y resiste el resto del año, asumiendo las víctimas que quedan por el camino. Enero no es un buen mes para las estadísticas, que nos dejan 1.300 parados más y nos dicen que la tasa de paro actual es del 27% en Málaga, del 29% en Andalucía.

Gracias al turismo, en pocos meses se revertirá la tendencia, pero a costa de la precariedad, de empleos temporales, muchos mal remunerados, y de la incertidumbre laboral permanente. Sin embargo, aunque la estacionalidad del empleo y sus consecuencias hagan mella en Málaga, en esta ciudad se vive bien.

El desempleo, como el difícil acceso a una vivienda, los problemas con la limpieza y el transporte, la ausencia de zonas verdes o la falta de civismo, está asumido. Son cuestiones que se mueven en unos umbrales asentados, que hemos aceptado y a los que nos hemos acostumbrado. Los sobrellevamos y parece que son un problema menor. El sol y la playa lo curan todo. Y es que el hecho de que Málaga sea un destino turístico imprescindible impregna también al residente de un aroma festivo y relajado, que le llena de orgullo y le hace alardear de vivir en un lugar tan privilegiado.

Málaga se disfraza así para el malagueño de paraíso, donde calle Larios compensa los barrios más olvidados, los museos compensan la falta de educación y la estampa marítima compensa los lunes al sol de 183.000 ciudadanos. Pareciera que hablamos de otro lugar, pero no y en la misma tarde de febrero.

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Pacto por la Administración Pública

Artículo La Opinión de Málaga 27/01/2016

También 2015 ha sido un año de destrucción de empleo en las administraciones públicas. Desde 2010, el sector público en España ha perdido un total de 155.841 trabajadores. O lo que es lo mismo, 78 puestos de trabajo al día. Son sanitarios, docentes, carteros, policías, personal de la Seguridad Social y también de la Agencia Tributaria, un personal fundamental para la concesión de prestaciones sociales a los ciudadanos, en un periodo muy grave de crisis económica, y para la lucha contra el fraude fiscal.

Los distintos gobiernos han tratado de justificar estos recortes repitiendo sin descanso que la administración española está inflada y que los empleados públicos cuentan con una serie de privilegios que les mantienen al margen de la situación económica. Nada más lejos de la realidad.

En las Administraciones públicas españolas no sobraban profesores, sanitarios ni personal de Justicia o Servicios Sociales. Por extraño que resulte, aunque la destrucción de empleo público haya sido generalizada en el país, una de las administraciones públicas que ha reducido de forma más significativa sus plantillas ha sido la andaluza, que ha perdido casi 36.000 trabajadores en los últimos años.

Igual de injusto que disfrazar la situación de las plantillas de las administraciones públicas ha sido desprestigiar y castigar la figura del empleado público, etiquetándole como privilegiado en un momento en el que la sociedad entera sufría los estragos de la crisis. Es una falacia considerar que el docente al que la administración reubica durante años a su antojo a pesar de aprobar unas oposiciones sea un privilegiado; o que lo sea el profesional sanitario al que se le niegan por sistema días de permiso para mejorar su formación mientras ve cómo su Administración premia a directivos con másteres y seminarios por toda la geografía española.

Con mentiras como estas se han tratado de justificar los tijeretazos de los distintos gobiernos al sector público, que no sólo han mermado las plantillas, sino que también han aumentado de forma exponencial la precariedad en las distintas administraciones. La educación y la sanidad van camino de convertirse en sectores de empleo estacional, como ocurre, por ejemplo, con la hostelería o el campo. Muestra de ello es que en la educación, durante los meses de verano se den de baja de manera estacional cientos de docentes, que después son contratados con contratos por días o incluso por horas. En sanidad la situación es similar, con períodos de contratación temporal que coinciden con la campaña de la gripe y épocas de colapsos en las urgencias.

Por todo ello, es necesario que en el actual escenario, las diferentes fuerzas políticas incluyan en sus conversaciones la urgencia de un pacto en materia de  administraciones públicas. Este pacto debería contener de entrada un plan urgente de recursos humanos para determinar las necesidades de las plantillas y convocar una oferta de empleo público acorde a la situación, además de abordar la recuperación de los derechos laborales y salariales arrebatados al colectivo.

Los sucesivos recortes en los servicios públicos están teniendo consecuencias fatales para la población. Hablamos de recortes en servicios esenciales que ponen en riesgo la atención sanitaria que recibe la ciudadanía, menoscaban la calidad de la educación y paralizan la justicia y la dependencia. Ahora sólo queda que nuestros políticos se den cuenta; bueno, y que se pongan de acuerdo.

artículo 27-01-2016

 

En la estacada

Artículo La Opinión de Málaga 13/01/2016

En la estacada. Así es como la Junta de Andalucía ha dejado a los alumnos y profesores de la escuela de hostelería La Cónsula. A pesar de las numerosas promesas, dentro y fuera de campaña, de consejeros y hasta de la propia presidenta andaluza, la escuela de hostelería malagueña no aleja las sombras de un posible cierre. Sobre todo después de la última decisión del Gobierno andaluz de cerrar el restaurante y suspender las clases hasta nuevo aviso. En incumplimientos y mentiras es en lo que han quedado esas promesas, que han jugado con la ilusión y el futuro de los alumnos, el pan de los profesores y el progreso del turismo malagueño.

Lo que nadie, fuera del ecosistema de los dirigentes socialistas, se explica es por qué el consorcio no está ya integrado o en vías de integrarse en el Servicio Andaluz de Empleo como se anunció y siguiendo el camino del resto de consorcios andaluces. Sólo dos quedan por integrar, y los dos de Málaga. Casualidad o destino. La integración no puede realizarse mientras no se lleve a cabo la auditoría que estaba prevista para este mes de diciembre. Si la auditoría está paralizada los responsables deberían hablar claro y explicar las causas, aunque ello suponga admitir desvíos de subvenciones a otros fines. Ahí puede estar la clave que haya motivado que el cierre sea el menor de los males. Así nadie se responsabiliza de la  gestión anterior.

Los alumnos, muchos de los cuales se han tenido que desplazar de otras provincias para recibir esta formación, han visto cómo se interrumpían clases teóricas y prácticas. Sin formación, sin curso, sin expectativas. Con planes truncados por la incompetencia de una Administración que en ningún momento pensó en las consecuencias que tendría esta parálisis para los alumnos, pero tampoco para los profesores. Éstos llevan varios meses sin cobrar. Ni para Málaga.

La inactividad de La Cónsula supone un mazazo para la proyección hostelera y turística de la ciudad. Todos pagaremos, por tanto, esta incompetencia. Todos perdemos con el cierre de La Cónsula. Aunque la suspensión de actividad actual es sólo temporal, según la Junta de Andalucía. Febrero es la nueva fecha prometida, para cuando está previsto que la integración de La Cónsula en el SAE se haya realizado, pero aún no sabemos de qué año. La solución definitiva a los problemas de la Cónsula sigue la estela de las obras del metro: incumplimientos e incertidumbre.

Y no es por ser pesimistas, pero puede ir para largo, y más aún con el panorama nacional, que si bien no debiera influir, la realidad es bien distinta. La preocupación de la presidenta andaluza no es cumplir su compromiso con La Cónsula, en definitiva, con Málaga. Este no es el momento de hablar de La Cónsula, ahora toca deshojar la margarita un día sí y otro también de si Ferraz o Andalucía. Mientras tanto, los fogones seguirán apagados y hasta la próxima promesa incumplida de la Junta de Andalucía.

artículo 13-1-2016 copia

Unas navidades diferentes

Artículo La Opinión de Málaga 16/12/2015

Que ha llegado la Navidad a nuestra ciudad ya lo hemos notado. La inauguración del alumbrado navideño de calle Larios cumplió un año más con su misión y se encargó de que todos los malagueños supiéramos que las fiestas ya estaban aquí. Pero las de este año quizá vayan a ser un tanto diferentes y por varios motivos.

A los días festivos, no sólo la sociedad malagueña, sino el país entero llegará marcado, algunos puede que intoxicados, por la intensa campaña electoral que estamos viviendo a todos los niveles. Actos, presentaciones, repartos, reuniones y visitas los siete días de la semana de los cabezas de lista, que no están dejando rincón sin pisar. Se juegan mucho y son conscientes de ello. El fin del bipartidismo llegó, y la primera gran cita con la sociedad, con los votantes, está a pocos días.

Independientemente del escenario político a partir del próximo domingo, algo que parece seguro es que afrontamos una nueva etapa política en la que el entendimiento jugará un papel predominante. La realidad les empuja, además, a abrirse a la sociedad y no dejar de lado al ciudadano, como han venido haciendo hasta ahora. También ha llegado el momento de que partidos e instituciones pasen a ser transparentes, pero de verdad. La reconciliación de la política de nuestro país con la sociedad pasa por ello inevitablemente, algo de lo que también son conscientes.

En Málaga, estas navidades van a ser diferentes, además, después de la tensión vivida tras superarse la amenaza de una huelga de basuras en plena época navideña; un conflicto que por responsabilidad ha sido paralizado, prevaleciendo el interés general.

Lo que no se ha podido superar aún es el enredo en el que desde hace varias semanas están sumidos muchos malagueños por el laberinto que han provocado los nuevos cambios de tráfico por las obras del metro. Y no sólo los conductores están confusos, hasta los peatones desconocen por dónde caminar. Es frecuente encontrar un viandante desorientado que no sabe cómo llegar a su destino después de los últimos cambios de tráfico. Claro que tendremos que tener más cuidado, ya que el Ayuntamiento ha anunciado que multará a aquellos peatones que, hastiados de dar rodeos, se salten las señales de circulación para llegar a su ansiado destino, poniendo en riesgo su seguridad y la del resto.

Para colmo, el culebrón del metro ha traído consigo una nueva polémica con su trazado al Civil y un nuevo quebradero de cabeza para la ciudad, que aún no tiene claro el qué, el cómo, el cuándo y el dónde del metro de Málaga.

Entre tanta campaña electoral, enfrentamientos y obras eternas tenemos que recibir el nuevo año en Málaga. Si nos armamos de paciencia y sobrevivimos al 20-D, a la amenaza de una huelga de basuras y a las calles levantadas, serán unas diferentes pero, esperemos, buenas navidades.

artículo 16-12-2015 copia

Más luces

Artículo La Opinión de Málaga 02/12/2015

El encendido del alumbrado indica el inicio de la Navidad, ya sea noviembre, diciembre o agosto. Por extraño que parezca hay consenso. Da igual el día, pero ese día es Navidad.

Más extraño hubiera sido no cuestionar por qué no han alumbrado igual la calle Larios que las calles adyacentes, o por qué no decirlo, la calle de mi barrio. Este debate durará hasta la cabalgata de Reyes.

Tendríamos que haber hecho encuestas previas o consultas vinculantes, como las denominan algunos. ¿Se imaginan preguntar a los comerciantes de Atarazanas o Carretería si quieren la misma iluminación navideña que en Larios o Plaza de la Constitución? O, por qué no, y ya para perder el norte, preguntar a los vecinos de la Carretera de Cádiz si quieren que Héroe de Sostoa tenga más iluminación que calle Larios. Puestos a preguntar y a contentar a todos, por qué no. Durante cuarenta días convertiríamos Málaga en Las Vegas.

Una vez hecha la anterior consulta, antes del alumbrado tendríamos que hacer otra: ¿queremos convertir Málaga en Las Vegas? Sí pero no. Luces todas, pero navideñas, no anunciando salas de juego, y a su vez se generará otro debate: Merry Christmas o El Tamborilero.

No caigamos en el error, los ciudadanos no plantearían ninguna de las anteriores cuestiones. Ni se cuestionan por qué en calle Larios hay más de 1,6 millones de puntos de luz. Es más, admiran el cielo estrellado azul y blanco que cubre la principal calle malagueña. Protestar protestan cuatro, y algunos incluso ‘obligados’ para así justificar o justificarse ante aquellos a los que de alguna manera representan porque pagan las cuotas, si las pagan.

La mayoría son conscientes de que no se puede invertir en luces navideñas en todas las zonas por igual; no por ello olvidando los barrios, los distritos, pero asumiendo que el centro de la ciudad, principal zona comercial de Málaga, debe ser, y también en Navidad, nuestra tarjeta de presentación como ciudad, no sólo ante los propios malagueños, sino ante los, cada vez más, turistas que nos visitan. Así ha sido siempre y debe seguir siéndolo.

La lógica de las mayorías y la mayoría de los malagueños saben qué hay que debatir o consensuar, como también saben, sencillamente porque no se cuestiona,  qué no es necesario hacer.  En definitiva, distinguen lo trivial de lo importante. Prueba de ello es que no se cuestionen la distribución del alumbrado navideño, ni si suena mejor Black Friday, Viernes Negro o simplemente Viernes de Rebajas. Y, por el contrario, sí manifiestan su opinión, firme por mucho que los intenten convencer, a la hora de rechazar el trazado en superficie del metro-tranvía al Hospital Civil. Es sencillo, es cuestión de tener más ‘luces’, no más alumbrado.

artículo 2-12-2015

25N todos los días del año

Artículo La Opinión de Málaga 18/11/2015

En lo que va de año 47 mujeres han sido asesinadas en nuestro país víctimas de la violencia machista. Las tres últimas en apenas unos días. Es una realidad escalofriante que convertimos en números, porcentajes y cifras para poder analizarla y también digerirla. Pero esas mujeres asesinadas, esas familias rotas y esas vidas que quedarán marcadas para siempre por el sufrimiento son mucho más que números. Son la máxima expresión de la desigualdad social de este país.

Esta lacra social que es la violencia de género es un problema mayor que requiere una profunda implicación social en todos los ámbitos y entornos. No podemos permitir que la sociedad siga avanzando sobre los cimientos de la desigualdad que hacen que tantas veces tengamos que lamentarnos y preguntarnos si estamos haciendo lo suficiente. Para entonces volverá a ser tarde.

Sería un error pensar que se trata de sucesos aislados, de tristes experiencias ajenas por las que poco podemos hacer. Pero sobre todo sería un error no reflexionar sobre ello y sobre el rumbo que mantiene nuestra sociedad, de la que formamos parte y la que conformamos.

La indiferencia con la que asumimos estas cifras aviva la discriminación, el miedo y la desigualdad, y perpetúa un problema que nunca debimos tener. La erradicación de la violencia de género pasa inevitablemente por la implicación de todos y cada uno de nosotros en la lucha. Algo debemos de replantearnos cuando, según una reciente encuesta del Ayuntamiento de Málaga, casi el 48% de los malagueños no intervendría si presenciase que un amigo está maltratando a su pareja.

No es este el camino que queremos seguir y tenemos un objetivo común: que no quede un solo rincón indiferente en este país ante la violencia de género. Y una herramienta clave en esta campaña es la educación. Debemos educar para concienciar, para no tolerar y para eliminar la discriminación y la desigualdad. Y debemos hacerlo en todos los ámbitos.

En esta lucha las administraciones públicas también juegan un papel importante, aunque aún queda mucho por hacer. Partimos de que las administraciones incumplen en muchos casos sus propios planes de igualdad, no llevan a cabo la mayoría de sus objetivos y aún mantienen carencias en aspectos como la prevención de la violencia. De hecho, la mayoría de los centros de trabajo carece de protocolos por acoso sexual y violencia de género y de movilidad para víctimas.

Es necesario combatir esta desinformación y la falta de implicación social con una correcta educación. La violencia de género se puede combatir y se puede evitar. Se debe evitar. No limitemos esa lucha a una fecha conmemorativa; 25 de Noviembre debe ser todos los días del año.

artículo 18-11-2015